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Homilía del Párroco en la Santa Misa de la Cena del Señor 2015

Quisiera que mis homilías a partir de este Jueves Santo y hasta el Domingo 12 de Abril, tengan como eje central la Misericordia del Señor. El Papa Francisco ha convocado a un Año Santo Extraordinario que será el Año de la Misericordia y ha querido que el lema de la próxima jornada mundial de la Juventud sea: Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

El segundo domingo de Pascua, el Domingo de la Divina Misericordia profundizaré un poco más en este tema. Basta hoy citar al Cardenal Ratzinger en la homilía del día del entierro de San Juan Pablo II, cuando afirma que “San Juan Pablo II ha interpretado el misterio pascual como un misterio de la divina misericordia”.

Estos días vamos a profundizar en el misterio pascual de Jesucristo, (el paso de la muerte a la vida) y los invito a que lo contemplemos como el don máximo y hasta el extremo de la infinita misericordia de Dios por el hombre.

Ésta es la etimología de la palabra “Misericordia”: Tener el corazón (Cors, cordis) con los pobres, con los miseros (miserere). Sentir compasión por los pobres, por los miserables. Una compasión que no es solo afectiva (empatía: sentir con el otro) sino también efectiva (remediar el mal y el sufrimiento de los pobres).

Todos nosotros somos pobres. Vivimos la peor pobreza, que es la experiencia del pecado y de la muerte, que es el salario del pecado. Quién de nosotros no experimenta la presencia del mal en su vida, del mal moral que me lleva a no hacer lo que quiero, sino lo que no quiero, que me esclaviza a los vicios y al egoísmo. Quién de nosotros no sufre las consecuencias del pecado en el dolor y el sufrimiento que me aflige y aflige a toda la humanidad: Accidentes, enfermedades, catástrofes naturales, injusticias, abusos, guerras, persecuciones, muerte. (masacre en Kenia de 147 cristianos sacrificados)

El sufrimiento de los inocentes es uno de los grandes argumentos hoy para los ateos. Ante tanto mal, ¿Podemos hablar de un Dios Bueno, Sabio, Omnipotente, Justo, Misericordioso cuando ocurren estas tragedias? ¿Por qué las permite? ‘¿Por qué no interviene?¿Dónde está Dios mientras su pueblo sufre?. La respuesta está en la Cruz: Sufriendo con su Pueblo.

La Cruz es la respuesta amorosa y misericordiosa de Dios frente al pecado, el mal y la muerte. Decía San Juan Pablo II en su último libro: Memoria e Identidad: Que el límite impuesto al mal “es en definitiva la divina misericordia”.

La Fe nos dice que Jesús murió en un acto libre de amor obediente al Padre y de amor generoso por todos nosotros. No hay mayor amor que el de aquel que da la vida por sus amigos. En la Cruz Jesús con los brazos extendidos está abrazando a toda la humanidad.

Dios en un acto de infinito amor cargar sobre su Hijo Amado el peso de nuestros pecados, para que El pagara la deuda que nosotros no podíamos pagar. En la Cruz el amor vence al odio, la vida a la muerte y la misericordia triunfa sobre el juicio.

PNSR Comunicaciones