Homilía – 22 de setiembre de 2013

Domingo de la Semana 25ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C

«No podéis servir a Dios y al dinero» 

 

Hoy hemos escuchado la parábola del mayordomo infiel, que es mejor llamarla la parábola del administrador prudente, sagaz y vivo.

¿Quién era este mayordomo?, Era un administrador que manejaba los bienes de su amo. Tenía derecho a autorizar préstamos de los bienes de su amo.

En el Evangelio vemos que este mayordomo tuvo un “abuso de confianza” y cobraba a los deudores un excedente que representaba su interés, su ganancia personal. Es despedido, justamente por “abuso de confianza” en el manejo de estos bienes y se le da algo de tiempo para preparar un ‘informe’ y así dar cuenta de su gestión antes de abandonar el cargo. Su sagacidad consistió en aprovechar este tiempo que aún se le concede para prevenir su futuro. Opta entonces astutamente por llamar a los deudores de su señor y les condona una parte significativa de sus deudas, que en realidad significa renunciar al interés que él les cobraba para sí mismo. Es decir, renunciar a su tajada.  Él sabe que generará sentimientos de gratitud en esos hombres, haciendo que él a su vez pueda acudir a ellos cuando necesite de ellos, pues es preferible tener amigos, que tener dinero, ya que “favor con favor se paga”…

Al enterarse de esa maniobra el Señor alaba su sagacidad y astucia.

 

¿Qué nos enseña este texto?

  1. Tenemos determinados bienes (materiales, intelectuales, talentos). No somos dueños, sino administradores. Dios nos da la libertad para usar de distintas maneras nuestros bienes, pero un día tendremos que rendir cuentas de nuestra gestión.
  2. Somos “administradores infieles” cuando no hacemos buen uso de esos bienes, sino que los administramos mal, abusando de la “confianza del dueño”.
  3. Tres maneras de administar mal:

a.  Perezozos: Enterramos los bienes, no aprovechamos el tiempo y las oportunidades para estudiar, para mejorar nuestros talentos y capacidades. Cuando nos contentamos con una vida mediocre y sin grandes horizontes.

 

b.  Codicia y Avaricia, que en el fondo es egoísmo: Cuando usa sus bienes solo para su provecho, y no los comparte con los demás. En ese sentido se puede entender lo que dice Jesús hoy: Yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El dinero injusto no hay que entenderlo aquí como el dinero mal habido, sino con el dinero que no te pertenece, porque forma parte de los dones que has recibido de Dios.

¿Cual es el mejor modo de ganarnos amigos con el dinero? La limosna, el compartir con esos amigos para que nos reciban en las moradas eternas.

La limosna es una buena inversión. Entendiendo por limosna no solo dar dinero a otro, sino cualquier ayuda al prójimo es limosna, por ejemplo, dar un consejo (lemosine: tener piedad del otro).

Todo lo que no se regala, se pierde…Madre Teresa.

Los bienes que compartes son los únicos que acumulas para la vida eterna. No acumulen bienes en la tierra, acumulen bienes para el cielo.

 

c.  Derroche: Cuando yo uso esos bienes en cosas que no valen la pena. Derrocho mi dinero cuando caigo en la adicción de gastar y comprar cosas que realmente no necesito.

Derrocho mis talentos, cuando en lugar de usarlos para el bien, los uso para el mal.

Pablo Escobar era un genio, un genio para el mal.

Jesús se sorprende y se indigna de que los hijos de las tinieblas sean más astutos o más sagaces que los hijos de la luz.

 

Por eso, debemos ser prudentes y sagaces para hacer el bien, para instaurar el reino de Cristo. Sacando adelante con inteligencia y esfuerzo proyectos que ayuden a mejorar la vida de los demás, a dar trabajo que es lo que más dignifica al ser humano.

¿Disyuntiva sobre como invertir el dinero? ¿Qué uso estoy haciendo de mi tiempo, de mis talentos, de mis bienes? ¿Soy una persona laboriosa, generosa, creativa o soy por el contrario perezoso, egoísta, que vivo satisfecho con mi modo de vivir y no busco construir un mundo mejor?

No seamos tontos, ni perezosos, ni ingenuos. Seamos administradores sagaces, desplegando con prudencia y caridad nuestros talentos al servicio del Plan de Dios y de los demás.

 

P. Juan Carlos Rivva