HOMILÍA EN LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Cuando la Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista cae domingo, la Iglesia celebra esta festividad litúrgica, por la importancia tan grande que ha tenido este santo en la historia de la salvación.

Quizás nos cuesta reconocerlo, pues no es frecuente la devoción a San Juan Bautista entre nosotros. Sin embargo, en el arte cristiano, por ejemplo, en los mosaicos bizantinos y en las pinturas del renacimiento cristiano, aparece una y otra vez la imagen de San Juan Bautista. Con la Virgen María y San José, es sin duda, el Santo más renombrado.

La fiesta de los santos suele celebrarse en el día de su muerte, pues con la muerte el santo alcanza la perfección del amor y nace a la vida eterna. Jesucristo nuestro Señor el 25 de diciembre, la Virgen María el 8 de septiembre (nueve meses después del 8 de Diciembre, día de su Inmaculada Concepción) y Juan el Bautista el 24 de junio (el día en que comienza el verano en el hemisferio norte y el día tradicionalmente más frío del año en la sierra del Perú).

Quisiera destacar algunos aspectos de la vida de San Juan Bautista que me parece que son ejemplares y cuestionantes para nosotros:

  1. El primero es la conciencia de su identidad y vocación:

Recordemos todas las circunstancias misteriosas que rodearon su nacimiento, su concepción milagrosa de una mujer anciana y estéril, su padre Zacarías que se queda mudo por no creer en el anuncio del ángel, y ese primer encuentro con Jesús en el vientre de su Madre, cuando María visita a su prima Isabel.

Pues ¿qué será este niño?” Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él, desde el vientre materno. Y Zacarías dice: A ti niño te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar su camino… El precursor… La voz que grita en el desierto, conviértanse y preparen el camino del Señor.

También cada uno de nosotros tiene una identidad y misión… Somos en cuanto personas, seres únicos e irrepetibles. Cada uno de nosotros viene a este mundo a cumplir una tarea y hemos sido ungidos en el Bautismo y en la Confirmación, para ser apóstoles y profetas… Debemos preparar el camino del Señor en muchos corazones, debemos ser también como esa Voz que grita en el desierto de tanta indiferencia.

  1. El segundo es su humildad y confianza en Dios

Juan Bautista fue un gran profeta, Jesús lo llamó el más grande de los hijos de mujer. Llego a ser tan famoso que muchos pensaban que era el Mesías esperado.

Pero Juan nunca se la creyó, nunca se buscó a sí mismo, ni cedió a la búsqueda de reconocimiento o aplausos. Él decía: Yo no soy Él que ustedes creen. Detrás de mí viene Él que es más grande que yo, y no soy digno de desatarle la correa de las sandalias. Confesó y no negó… Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, seguidle.

Incluso, cuando Jesús obra y habla de un modo desconcertante, cuando come con prostitutas y publicanos y habla de un Reino que no es de este mundo… San Juan se confunde, envía a sus discípulos a preguntarle si Él es en verdad el Mesías, o hay que esperar a otro… Y Jesús les responde… Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: Los ciegos ven, los cojos andas, y se anuncia a los pobres el Reino de Dios, y dichoso el que no se escandalice del Hijo del hombre.

Y San Juan, aunque no comprende, confía…

¿Tenemos la humildad de San Juan Bautista?, para no ponernos a nosotros mismos en el centro, para no ser auto referenciales como dice el Papa Francisco, para comprender que es necesario que Jesús crezca y nosotros disminuyamos hasta desaparecer. O buscamos el protagonismo y sutilmente esperamos ser reconocidos, queridos, aplaudidos por los demás.

¿Cuál es nuestra actitud ante las situaciones de desolación que nos desconciertan? Ante la pedagogía de Dios, que muchas veces nos confunde y no comprendemos. Incluso a veces hay actitudes en la Iglesia que nos parecen injustas o difíciles de entender…

Tenemos la confianza que tuvo San Juan Bautista para discernir y confiar en Dios que escribe derecho con líneas torcidas. Somos capaces de aprovechar esas situaciones para humillarnos y purificarnos.

  1. La integridad y el coraje para ser testigo de la Verdad

Juan Bautista es un mártir de la verdad, de los valores morales que no se relativizan ni se acomodan.

Él sabe que Él Rey Herodes lo admira y quiere favorecerlo. Pero sabe también que está actuando de manera inmoral al tomar como esposa a Herodías, la mujer de su hermano Filipo.

Y denuncia ese comportamiento inmoral, y se mantiene fiel a su consciencia. Es una persona totalmente integra, en él no hay doblez ni hipocrecía. No se deja llevar por cálculos políticos o conveniencias. Como luego lo hiciera Santo Tomás Moro con el rey Enrique VIII, se mantiene fiel a sus principios cuesto lo que cueste. Y a Juan Bautista le costó la cabeza.

¿Cómo nos cuestiona? En una época en que los valores se han vuelto relativos y se traiciona la consciencia -que es la voz de Dios que me dice cuál es el bien que debo obrar y el mal que debo evitar- por cualquier interés o temor.

Que San Juan Bautista interceda por nosotros y nos ayude a tomar conciencia de nuestra vocación, a ser humildes y confiados en los momentos de prueba, y sobre todo a tener el coraje de mantenernos fieles a la verdad y de nunca obrar -respondiendo a las presiones o intereses- en contra de nuestra consciencia.

Juan Carlos Rivva
Párroco