HOMILÍA LA SAGRADA FAMILIA

Pensaba qué predicar, y me dije a mí mismo: Es una oportunidad para defender la familia y la vida frente a tantos ataques de la cultura de muerte, una ocasión para predicar contra el matrimonio homosexual y contra el aborto. Pero luego me quedé pensando: ¿No sería más interesante y estimulante en esta fiesta de la Sagrada Familia, hablar sobre la bondad, la verdad, y la belleza de la Familia, contemplando como modelo, como ícono perfecto a la Familia de Nazaret?

El Papa Francisco dice que de todo lo bello que ha creado Dios, lo más lindo es la familia. La familia es el sueño de Dios para su creación.

Los dos relatos de la Creación: Los dos fines del matrimonio.

El matrimonio, como la unión indisoluble del hombre y la mujer, para vivir en comunión y procrear y educar hijos. Es una institución natural, cuya dignidad y existencia no depende de ningún contrato social o de ninguna legislación. Porque la familia es escuela de humanidad, porque en la familia nos sentimos amados y aprendemos a amar y aprendemos las virtudes humanas y cristianas que forjan nuestra vida: el servicio, el respeto, la solidaridad, el trabajo, el diálogo y el perdón.

Papa: “Tener un lugar a donde ir, se llama hogar Tener personas a quien amar, se llama familia y tener ambas se llama bendición”. Y por eso, todo necesitamos de una familia para crecer sanos y seguros, y por ello es tan importante cuidar, acompañar y defender la familia.

Como dice el Papa Francisco: No hay familias perfectas, ni esposos perfectos, ni padres perfectos, ni hijos perfectos y mucho menos suegras perfectas. Quizás la única familia perfecta ha sido la familia de Nazaret. Y por eso San Pablo dice hoy: Sopórtense unos a otros y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor los perdonó, así también perdónense entre ustedes. Maridos amen a sus mujeres, no sea ásperos con ellas, mujeres respeten a sus maridos, hijos obedezcan a sus padres, padres no exasperen a sus hijos.

La familia es escuela o camino de comunión, y la comunión es una meta que tenemos que alcanzar poco a poco, con paciencia, con misericordia, con generosidad. La familia es como una casa que nunca termina de construirse, y a veces es necesario que se caiga alguna pared, para darnos cuenta que hay que volver a empezar, construyendo sobre cimientos más firmes, procurando que Cristo sea la roca sobre la cual se construye nuestra vida familiar.

Al mirar a mi familia, debo mirar el vaso medio lleno y no medio vacío… Mirar más las bendiciones y los dones de mi familia que vivir quejándome de los defectos de los demás. Como aquella señora a la que un padre le dijo: Señora usted viene a confesarse de sus pecados, o de los de su marido.  La convivencia familiar no es fácil, no hay que asustarse ni escandalizarse de que a veces haya conflictos en el hogar. A veces más dolorosa que la pelea, es la distancia, la indiferencia y el silencio. Cuando hay un muro invisible que aleja a los esposos, a los padres y a los hijos o a los hermanos, aunque vivan bajo el mismo techo.Por eso, es tan importante vivir el perdón, dialogar y sanar las heridas.

Demos gracias al Señor por nuestras familias, con todos sus problemas. Pidamos al niño Jesús por la intercesión de María y José por nuestras familias, y por las familias más frágiles, por las que están pasando por momentos de crisis, por los esposos que no tienen trabajo, por las familias de madres que han sido abandonadas o que tienen algún hijo enfermo, por las familias de los inmigrantes. Y aprovechemos estos días para estar más en familia, para compartir las vacaciones, la salida al campo o a la playa, la mesa familiar, la visita a los abuelos, para construir los vínculos de comunión familiar tan necesarios. Que Así Sea, Amen