HOMILÍA XXVIII DOMINGO T.O. CICLO B CATEQUESIS SOBRE LA MISA

Cada tres años, en el ciclo B, se lee durante cuatro domingos seguidos el Discurso del Pan de Vida que Jesús pronuncia en la sinagoga de Cafarnaúm, luego de multiplicar los panes.

Hace tres años, en el 2015, aproveche estos domingos para hacer una catequesis sobre las partes de la Misa y nuestro modo de participar en ella. Me parece oportuno, volver sobre este tema, para ayudarnos a sacudir toda rutina y poder comprender mejor el misterio de la Eucaristía y cultivar en nuestro corazón el “estupor eucarístico” como decía San Juan Pablo II, es decir la capacidad de asombrarnos ante este misterio tan conmovedor. El Cura de Ars decía si el sacerdote comprendiera lo que es el sacerdocio y lo que significa celebrar la Eucaristía moriría de amor.

Antiguamente se decía “vamos a oír misa”. Era un enfoque equivocado. Ustedes no vienen a oír ni a ver la misa, como espectadores. Vienen a participar de la celebración eucarística. Y esta participación el Concilio Vaticano II, la define como una participación consciente, piadosa, activa y fructífera. Recuerden esas 4 palabras: consciente (atenta,sin distracciones), piadosa (con todo el corazón, viviendo intensamente), activa (respondiendo a las oraciones, cantando) y fructífera (la Eucaristía debe transformar mi vida cotidiana).

Para participar bien en la misa es necesario prepararse, disponerse. Desde que uno sale de su casa. El esfuerzo por llegar unos minutos antes, de entrar un ratito a la capilla del Santísimo, nos ayudan a serenarnos, a disponer nuestro espíritu, a recogernos, a sacar de la mente y del corazón las distracciones y preocupaciones inútiles.

A problem with the research so far is that most of the studies use general distance from a standard structure (an ordered tree, or hierarchy) as the measure of structure development. The assumption that single concepts or sets of concepts are mentally organized into an ordered tree (i.e., australianwritings.com.au paper writing) impedes other patterns of knowledge structure. It is held that there is a need to develop a measurement of knowledge structure that accommodates other structural possibilities (e.g., sequence, cause-effect, cycle, descriptive, compare/contrast).

Hoy vamos a reflexionar en los RITOS INICIALES en los que participamos de pie, desde la señal de la Cruz hasta que nos sentamos para escuchar la Palabra de Dios.

El canto y la procesión de entrada tienen la finalidad de congregarnos como asamblea litúrgica convocada para dar culto a Dios. Eso es lo que significa la palabra Iglesia. Es decir, cuando venimos a la misa somos una comunidad, un cuerpo, una Iglesia que peregrina hacia la Jerusalén Celestial, en el que no hay ricos o pobres, blancos o cholos, jóvenes o viejos, santos o pecadores, sino que todos somos hermanos en la fe, llamados a participar juntos en la Cena del Cordero.

El sacerdote sube al altar que está elevado y lo besa, como símbolo de estar subiendo al monte santo del sacrificio. El Altar simboliza a Cristo, la piedra viva, en quien y por quien podemos ofrecer al Padre el sacrificio espiritual. Luego el sacerdote se dirige a la sede, que es el sillón de la presidencia, para distinguirlos de la mesa de la Palabra que es el ambón y la mesa de la Eucaristía que es el Altar. En la sede está Cristo Pastor, en el Ambón de la Palabra está Cristo Profeta y en el Altar está Cristo Sacerdote.

El persignarnos e invocar a la Santísima Trinidad nos recuerda que la obra que estamos iniciando es una acción sagrada en la que glorificaremos al Padre, por medio del Hijo y en la comunión del Espíritu Santo, y que todo estos es posible por la señal de la Cruz que nos ha reconciliado. Es el mismo Dios el que nos invita y nos hace capaces de participar en esta obra, que no es simplemente una reunión o una comida entre amigos, sino el acto supremo de alabanza a Dios y de santificación de los hombres, en el que se renueva el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.

Ante la presencia de Dios, lo primero que debe surgir en el corazón del hombre es la conciencia del tremendum. Quien es Dios y quien soy yo. El es Santo y yo soy un pecador.

El rito penitencial no pretende ser un examen de conciencia que sería imposible en tan poco tiempo, sino un momento para reconocerme un pobre pecador, frágil, débil, necesitado de la gracia y de la misericordia de Dios. En algunas liturgias antiguas el Kyrie iba acompañado de la postración, que es un gesto corporal de anonadamiento ante la grandeza de Dios.

La oración del YO CONFIESO o la triple invocación del SEÑOR TEN PIEDAD no nos perdona los pecados graves que nos apartan de la comunión con Dios, pero si los pecados veniales. Si alguno tiene conciencia de pecado grave, debe acercarse a la confesión si desea recibir la sagrada comunión. Culmina el Kyrie con la oración del sacerdote invocando la misericordia de Dios sobre nosotros.

Y luego se entona el Gloria que es un canto jubiloso de alabanza y adoración. El sentimiento que debe embargarnos al cantar el Gloria es el sentimiento de María que en el Magnificat que proclama jubilosa las grandezas del Señor, que la ha mirado con misericordia y que ha obrado maravillas en su pequeñez.

Las palabras se desbordan de gozo y se atropellan unas a otras de modo incontenible: Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te damos gracias!!!! Todo esto no solo por lo que tú has hecho por nosotros, sino simplemente por ser quien ERES, por tu INMENSA GLORIA, por SER TU, DIOS, NUESTRO DIOS.

Los ritos iniciales culminan con la Oración Colecta que siempre está relacionada con el tema de las lecturas y que se llama colecta porque recolecta las intenciones de los fieles. Cuando el sacerdote dice Oremos y hace un breve silencio, cada uno puede y debe ofrecer el sacrificio de la misa por alguna intención o necesidad, que luego el sacerdote va a recoger para ofrecerlas todas juntas al Padre, por medio de Jesucristo y en la unidad del Espíritu Santo.

Continuaremos la próxima semana reflexionando en la Liturgia de la Palabra. Quedémonos con esta frase del Evangelio de hoy: Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura hasta la Vida Eterna. Y hagamos un gran esfuerzo por participar de manera conciente, piadosa, activa y fructífera de la Santa Misa.

Juan Carlos Rivva
Párroco