PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Para una buena confesión

1. Cumplir con cada una de las partes de la confesión:

a.  Examen de conciencia.

b.  Dolor de corazón: Arrepentimiento sincero de nuestros pecados.

c.  Propósito de enmienda: Propósito de no volver a pecar y poner los medios para ello.

d. Confesión de boca: Decir todos los pecados mortales de los que se tiene conciencia. Ocultarlos deliberadamente invalida toda la confesión (Catecismo 1456). También se pueden confesar los pecados veniales que recuerdes (Catecismo 1458).

e.  Cumplir la penitencia.

2. Tener presente la forma de confesarse:

a. Rito inicial:

Sacerdote: Ave María Purísima.

Penitente: Sin pecado concebida. Bendígame padre porque he pecado.

Hace… que hice mi última confesión. Mis pecados son los siguientes …

b. Cuerpo del sacramento:

El penitente, luego de hacer un buen examen de conciencia, confiesa todos los pecados mortales desde su última confesión; también es recomendable confesar los pecados veniales que recuerda (Catecismo 1458).

Escucha después los consejos del sacerdote y la penitencia que le es propuesta Manifiesta su arrepentimiento recitando el acto de contrición con estas palabras u otras semejantes:
Oh Buen Jesús, me arrepiento de todos los pecados
que he cometido y con tu gracia prometo luchar
por no volver a pecar.
Procuraré apartarme de toda ocasión de pecado
y poner los medios para crecer en el amor a ti
y a mis hermanos. Amén.

Finalmente el sacerdote da la absolución al penitente.

c. Despedida.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Te presentamos este cuestionario para que sea una ayuda a tu examen de conciencia antes de acercarte al sacramento. ¿Qué pecados has cometidos desde tu última confesión? Trata de no quedarte sólo en lo exterior, sino en las actitudes del corazón y las omisiones, para que este sacramento suscite tu conversión de vida: corazón y conducta.

Ruptura con Dios:

•¿Amo en verdad a Dios con todo mi corazón o vivo más apegado a mí mismo, mis propios planes o a las cosas materiales? ¿Lo amo sobre todas las cosas? ¿Vivo en su presencia a lo largo del día y en medio de las diversas ocupaciones?

¿Me he preocupado por renovar mi fe cristiana a través de la oración, la participación activa y atenta en la Misa dominical, la lectura de la Palabra de Dios, etc.? ¿Guardo los Domingos y las fiestas de guardar de la Iglesia? ¿He cumplido con el precepto anual de la confesión y de la comunión pascual?

•¿Visito el Santísimo con alguna frecuencia? ¿Tengo relación de confianza y amistad con Dios o cumplo solamente con ritos externos?

•¿He profesado siempre, con vigor y sin temores mi fe en Dios? ¿He manifestado mi condición de cristiano en la vida pública y privada?

¿Ofrezco al Señor mis trabajos, dolores y alegrías? ¿Recurro a Él constantemente o sólo lo busco cuando lo necesito?

•¿Tengo reverencia y amor hacia el nombre de Dios o le ofendo con blasfemias, falsos juramentos o usando su nombre en vano?

•¿Me preocupo por formarme en la fe con lecturas, cursos o conferencias?

Ruptura conmigo mismo:

•¿Soy soberbio y vanidoso? ¿Me considero superior a los demás?

•¿Busco aparentar algo que no soy para ser valorado por otros? ¿Me acepto a mí mismo, o vivo en la mentira y el engaño?

•¿Qué uso he hecho del tiempo y de los talentos que Dios me dio?

Me esfuerzo por superar los vicios e inclinaciones malas como la pereza, la avaricia, la gula, la bebida, la droga?

¿He caído en la lujuria con palabras y pensamientos indignos, con deseos o acciones impuras? ¿He visto imágenes pornográficas?

•¿He realizado lecturas o asistido a espectáculos que reducen la sexualidad a un mero objeto de placer o caído en diálogos obscenos?

•¿He caído en la masturbación o la fornicación? ¿He cometido adulterio?

•¿He recurrido a métodos artificiales para el control de la natalidad?

Ruptura con los hermanos y con la creación

•¿Amo de corazón a mi prójimo como a mí mismo y como el Señor Jesús me pide que lo ame?

¿En mi familia colaboro a crear un clima de reconciliación con paciencia y espíritu de servicio? Como hijo: ¿He sido obediente a mis padres prestándoles respeto y ayuda? Como padre: ¿Me he preocupado por educar cristianamente a mis hijos y los he alentado en su compromiso de vida con el Señor Jesús? ¿Los he exasperado con mi manera de ser o hablar? ¿He sido un buen esposo(a)?

•¿He abusado de mis hermanos más débiles, usándolos para mis fines?

•¿He insultado a mi prójimo? ¿Lo he escandalizado con palabras o con acciones?

•Si me han ofendido: ¿Sé perdonar o guardo rencor y deseo de venganza?

¿Comparto mis bienes y mi tiempo con los más pobres o soy egoísta e indiferente al dolor de los demás?

•¿Colaboro con las obras de evangelización y promoción humana de la iglesia?

•¿Cómo es mi participación en mi parroquia, comunidad o movimiento eclesial?

•¿Colaboro con el sostenimiento económico de la Iglesia?

•¿Me preocupo por el bien y la prosperidad de la comunidad humana en la que vivo o me paso la vida preocupado sólo por mí mismo? ¿He cumplido con mis deberes cívicos? ¿He pagado mis tributos?

¿Soy envidioso? ¿Soy chismoso y charlatán? ¿He difamado o calumniado a alguien? ¿He violado secretos? ¿He hecho juicios temerarios sobre otros?

•¿Soy mentiroso?

•¿He hecho algún daño físico o moral a otros? ¿Me he enemistado con odios, ofensas o peleas con mi prójimo? ¿He sido violento?

•¿He abortado? ¿He ayudado o incentivado a alguien a abortar?

¿He sido honesto en mi trabajo? ¿He usado rectamente la creación o he abusado de ella con fines egoístas? ¿He robado? ¿He sido justo en relación con mis subordinados tratándolos como yo quisiera ser tratado por ellos? ¿He participado en el negocio o consumo de drogas? ¿He caído en la estafa o en el fraude?

•¿He recibido dinero ilícito?

*Recuerda que esta es sólo una guía. También puedes tener otro tipo de examenes de conciencia que te puedan ayudar.

CITA DEL PAPA FRANCISCO

«¿Cuándo ha sido la última vez que te has confesado? Cada uno piense. ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado? Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierdas ni un día más! Ve hacia adelante, que el sacerdote será bueno. (…) Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa estar envueltos en un abrazo afectuoso: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre. Recordemos aquella bella, bella PaTrábola del hijo que se fue de casa con el dinero de su herencia, despilfarró todo el dinero y luego, cuando ya no tenía nada, decidió regresar a casa, pero no como hijo, sino como siervo. Tanta culpa había en su corazón, y tanta vergüenza. Y la sorpresa fue que cuando comenzó a hablar y a pedir perdón, el Padre no lo dejó hablar: ¡lo abrazó, lo besó e hizo una fiesta! Y yo les digo, ¿eh? ¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta! Vayamos adelante por este camino».

PAPA FRANCISCO