Caminamos junto a Jesús en su paso hacia el Calvario, acompañándolo en cada estación con oración, silencio y profunda contemplación.
El Cristo Yacente nos invita a mirar el amor que se entrega hasta el final, a reconocer su presencia en nuestro dolor y a renovar nuestra esperanza en la promesa de la Resurrección.
Que este recorrido fortalezca nuestra fe y nos acerque más a su corazón.






















